Pathirke Jerez desde el sur en primera persona
Artista visual nómade Pathirke Jerez nos invita a conocer su trabajo, que visibiliza tanto diversas problemáticas del sur de Argentina cómo un proceso de transformación interna.
Desde hace tiempo que vengo sintiendo que es momento de que las obras no sean sólo simplemente estéticas, si no que generen un cambio de consciencia, o por lo menos incomoden y muevan cosas.
En este momento estoy más que nunca con el deseo de materializar esas obras, sobre todo desde los gravísimos incendios provocados que viene sufriendo la Patagonia año tras año. Creo que ese fue el detonante como para decidirme a visibilizar esa y otras problemáticas a través de la pintura.
En cuanto a la parte más espiritual, es un proyecto distinto que se viene gestando a partir de mi propio aprendizaje y transformación, y que después de indagar profundamente en mis propias heridas y compartir mis sentires con más personas en estos últimos años, me he dado cuenta de que las heridas son las mismas en todas las personas de todos los lugares. Unos tienen un poco más de unas, otros de otras…pero la base de todo es la falta de amor. Amor suficiente hacia uno mismo, hacia el planeta, hacia la vida, hacia los animales, hacia tú trabajo…. FALTA DE AMOR.
Estos cuadros «portal de sanación» son una herramienta para cuestionar cosas de uno mismo y atravesar procesos sintiéndose acompañado.
Y como tercer proyecto en marcha (siempre hago varias cosas a la vez porque me aburre la especialización), sigo haciendo murales de perritos. Siento que tienen mucho que enseñarnos.
Toda esta nueva etapa artística sucederá arriba en el bosque, mientras construimos el taller de arte.






Mi nombre es Pathirke Jerez y soy artista plástica.
Desde pequeña me ha gustado hacer arte con mis manos, aunque más adelante estudié otras cosas no relacionadas con el arte por recomendación de mis allegados. Finalmente mi pasión se impuso y empecé a pintar cuadros. Hice algunas exposiciones pero pronto mi curiosidad me hizo indagar en otras técnicas, nuevos materiales y diferentes superficies.
En 2014 se dió la posibilidad de ir a pintar a Valparaíso, en Chile, y lo que iba a ser una visita de unos meses se convirtió en una aventura de 12 años por Latinoamérica. En Valparaíso monté un pequeño emprendimiento de muebles de diseños únicos. A los dos años fui a conocer Argentina y un circo me ofreció trabajo para pintar 56 vehículos y algunas cosas más de la escenografía, entonces vendí mis cosas y me fui a vivir con ellos. Cada semana cambiábamos de lugar, lo que me dió la posibilidad de conocer muchos territorios. Tras nueve meses ya lo había pintado todo y me bajé del circo en Carmen de Patagones. Decidí seguir con mi vida nómada, pintando y viviendo en una carpa. Recorrí Bolivia, Perú, Chile, Argentina, Holanda, Marruecos, España…y tuve la oportunidad de vivir en la selva, en el desierto, cerca de glaciares y en tan preciosos y diferentes paisajes.
Estaba pintando en Lago Puelo, un pueblito de Chubut embutido en la cordillera de los Andes cuando todo cerró por la pandemia y quedé atrapada en una chacra holística, vegetariana y llena de animales libres. Ocho hectáreas de bosque nativo junto a un río y un lago hermoso. Allí mi hambre de conocimiento de lo esotérico se volvió voraz, pues todo me parecía interesante y aplicable a mí propia vida para, de alguna manera, dejar de huir.
He pasado en este pueblo los últimos 6 años. Hace tres compré un colectivo urbano y lo transformé en mi hogar. Después un hermoso perro negro llegó para abrazarme el corazón, y a día de hoy somos cinco en esta historieta. La vida me regaló un amoroso compañero y tres preciosos cánidos con los que hacer montones de proyectos, siempre ojalá impregnados de arte y belleza. Lo que sigue próximamente es subir el autobús a la cima de una montaña y construir ahí un bello taller de arte donde crear obras comprometidas con el respeto por nuestro planeta, por la sanación individual y colectiva de nuestra sociedad y con un desarrollo de la empatía en general.


