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“CUARTO OSCURO”: LA PELÍCULA LISÉRGICA DE LANÚS QUE VIENE A VOLARTE EL VHS DE LA CABEZA

por: @gonzaloguardia

Hay películas que nacen para ser pochocleras. Otras para ganar premios. Y después están esas criaturas raras, medio mutantes, medio lisérgicas, que aparecen de golpe como un cassette TDK sin etiqueta encontrado en el fondo de un placard de Lanús. Ahí entra “Cuarto oscuro”, la ópera prima del artista plástico Rocke Oviedo, que el próximo 23 de mayo tendrá una presentación exclusiva, libre y gratuita, en el Auditorio Leonardo Favio. Y sí… como diría Moria: “¿Quién sos?”. Bueno, justamente eso parece preguntarle esta película al espectador desde el minuto uno.

Porque “Cuarto oscuro” no viene a pedir permiso. Viene a patear la puerta como Mauro Viale gritando “¡Atacaaaaa!” en un móvil de los ‘90. Mezcla dibujos animados, música, actuaciones, poesía, psicodelia y una estética que parece salida de un sueño febril entre Pipo Cipolatti y un VHS rebobinado con birome Bic. Una especie de cóctel audiovisual donde “la base está”, pero también hay delirio, ternura, humor y esa sensación tan argentina de que “si lo hacés sos un fenómeno y si no, sos un burro”.

La película ya viene haciendo ruido afuera. Fue seleccionada en el Festival de Cine Inusual de Buenos Aires, donde obtuvo reconocimiento por mejores efectos especiales y animación. Después pasó por Italia, Suiza, California… sí, Lanús exportando psicodelia al mundo. Como si alguien hubiese agarrado el espíritu under de los ‘80, lo hubiera mezclado con revistas Mutantia, afiches de Cemento y programas trasnoche de ATC. Y salió esto.

En octubre se proyectó en la Biblioteca del Congreso de la Nación con gran convocatoria y más adelante desembarcó en salas de Cerdeña tras quedar finalista en el festival COLIFFE. Una película nacida desde el conurbano profundo terminando en Europa. “Estamos mal, pero vamos bien”, diría el Carlo’.

Y ojo al reparto porque acá también hay perfume de culto nacional. Protagonizan Sergio Scarone y Tomás Giordano, líderes de la mítica banda Humano Querido. Y encima aparecen nombres que son parte del inconsciente colectivo argento: Eduardo de la Puente, Pipo Cipolatti, Guadalupe Cuevas, Gabriel Mariotto y hasta Tino y Gargamuza, esos personajes delirantes creados por Gabriel Marchesini.

La sensación que deja “Cuarto oscuro” es extraña y hermosa a la vez. Como cuando uno escuchaba a Charly decir “Yo soy de acá, de Barrio Norte” mientras el país explotaba por televisión. Hay algo muy argentino en esa mezcla entre caos, arte y supervivencia creativa. Como si la película dijera: “No hay plata… pero hay imaginación”. Y vaya si la hay.

Además, durante todo mayo, la Casa de la Cultura de Lanús exhibirá una muestra de artes plásticas con pinturas y objetos relacionados al universo de la película. Un verdadero racconto visual donde conviven colores, personajes, objetos y escenas que parecen salidos de una madrugada mirando “El Monitor Argentino”, “Badía y Compañía” y algún videoclip perdido de “Cable a Tierra”.

“Cuarto oscuro” no parece hecha para agradar a todos. Y ahí está justamente su encanto. Porque el cine raro, incómodo y artesanal también tiene derecho a existir en tiempos donde todo parece calculado para TikTok. Acá no hay algoritmo. Hay corazón. Hay barro. Hay flashes de genialidad. Hay esa mística de “a la gilada ni cabida”.

Y mientras el cine comercial vive muchas veces atrapado entre fórmulas repetidas y secuelas infinitas, aparece esta película salida de Lanús diciendo “¿Qué mirás, bobo? Andá pa’ allá”. Con identidad propia. Con riesgo. Con locura. Con felicidad de cuerpo.

Quizás “Cuarto oscuro” termine convirtiéndose en película de culto. De esas que dentro de veinte años algún Archivólogo encuentre en un disco rígido viejo y diga: “Pará… esto era buenísimo”. Porque hay obras que nacen para durar aunque no entren en ninguna categoría.

Como decía el Bambino: “¡Belleza!”.

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