Repensando

“Estética Nostálgica” – ensayo João Vitor Correa sobre afectos y el tiempo

Un paseo de investigar la nostalgia como expresión de un tiempo afectivo, que rompe la cronología común, atraviesa con los sentidos distorsionando el tiempo, trayendo el pasado de forma diferente, esto con; pintura, arquitectura, música… las bellas artes.

por: João Vitor Correa

Mucho se habla sobre la nostalgia, pero poco se profundiza en ella. El tiempo que en ella se compone es diferente del cronológico que consideramos normal. El tiempo afectivo es el que la engloba, un tiempo que rompe el concepto que consideramos plausible, rompe las ataduras de las fechas, ligando los afectos a nosotros.


Imaginen a un niño de 5 años, en una tarde soleada, pero no muy sofocante, ni calurosa, templada. Ese día, al volver de la escuela, su madre lo espera en casa, acción diferente de lo normal. La madre lo espera como un adulto (para el niño) espera un periódico en las mañanas. Al acercarse, ella lo llama para tomar un café, pues ese día se celebra algo, salió más temprano del trabajo.


A los 25 años, ahora adulto, adulto que no tiene la costumbre de ir a cafeterías de su región, decIde ir en un día soleado. Esa adquisición que el joven hace trae recuerdos, nostalgia de un día cuya existencia ni recordaba; junto a la nostalgia, los sentimientos y sentidos le parecen simplificados, como acogida, felicidad y calor. Los tiempos aquí en la nostalgia no vienen como recuerdos de un tiempo pasado, este se vuelve diferente, pues junto a él vienen las sensaciones, lo que lo separa de los recuerdos comunes. El tiempo se desplaza, junto con una disociación, el acontecimiento parece reciente o ni se tiene certeza de la época, aquí caemos en el tiempo afectivo.
En lo afectivo, la distorsión del tiempo es rizomática de los sentidos, como un rizoma de un tubérculo, sus raíces transportan humedad y sedimentos, así como el sentimiento en una nueva temporalidad, todo esto viene junto a ellos para la distorsión de la cronología. No se manifiesta solo en la nostalgia, su forma más estructurada y representativa, sino también en quien tiene conciencia del afecto. El mismo ejemplo del joven citado vuelve, pero en esta vertiente, el joven frecuentemente visita cafeterías; en esta vertiente él vive el tiempo afectivo, vive nostalgias, no de la forma clásica, pero las vive. Ese olor a café le trae confort, sepa él de dónde viene o no, le trae acogida y calor. El hombre rompe la barrera del tiempo en ese período de pertenencia breve al establecimiento.
Lo mismo puedo decir del trauma, al cual se liga la nostalgia conjuntamente, rompe la barrera del tiempo, pero hacia el lado desfavorable. El ser se compadece a sí mismo cuando el trauma aparece, por eso sigue siendo afectivo. Si no es de ese tipo, aún pertenece, con celos, miedo e inseguridad. Se diferencian por factor primario, su afectividad consigo mismo, frente a determinada adversidad, y el factor secundario que es justamente lo que lo provoca. BERGSON, Henri. La idea de tiempo: curso en el Collège de France (1901-1902). Traducción de Débora Morato Pinto. São Paulo: Editora Unesp, 2022


El tiempo afectivo:
La ruptura de la barrera es diferente a como la plantean algunos filósofos que exploraron la cuestión del tiempo, como Bergson y San Agustín; lo afectivo es distinto del tiempo en relación con la memoria. Lo afectivo está más próximo y colisiona siempre con el tiempo con su característica reformulada, con la identificación, correlación y mapeo con un sentimiento ligado a determinado objeto, acción o fragmento de la realidad.
El trauma, como dije anteriormente, se liga al tiempo afectivo de dos formas. Por sí mismo. Las situaciones cotidianas recurren a variables, posibilitando semejanzas. Casos semejantes ligados a un afecto hacia uno mismo cambian fuertemente la noción del tiempo, tanto que eso provoca fallas en los sentidos, pudiendo incluso llevar a la ansiedad y al pánico.
Al enfrentarme con una situación que resulta traumática, me genera determinados sentimientos, normalmente de carácter temeroso. Lo que genera después es una protección excesiva para no repetir ese algo, ese escudo para protegerse a sí mismo, por el afecto que tiene por sí, junto con el miedo que la casualidad trajo. El acontecimiento de un caso similar, incluso con la madurez, parece confuso en relación con la realidad, pues el sentimiento de
antes desborda en el ahora.
La segunda forma es por su producción. Un acontecimiento afectivo ocurre, como el amor; el medio genera celos, lo que se muestra en la producción afectiva. De ese modo, los celos pueden desencadenar traumas, con ellos, la noción de tiempo afectivo también prevalece.


El arte carga el tiempo afectivo de una forma interesante. En él el tiempo es trascendido, se vive independientemente de la muerte del fundador de sus sentidos. Las bellas artes, además de ser una caja de los sentidos del creador, crean cajas de sentidos de sus apreciadores.
Cuando miro el cuadro Cupid and Psyche de Annie Louisa Swynnerton (1891), no solo busco los afectos que la llevaron a concretar la obra, sino que analizo a partir de lo que siento.
Aunque la obra sea de hace dos siglos, siento hoy el afecto puesto por la artista, siento nuevamente también, un lazo afectivo nos corta el tiempo, fusiona por conexión. El afecto es actualizado y sentido por mí. Ese tiempo desborda hacia las bellas artes, una pintura puede ser reimaginada, siendo traída por el afecto para generar nuevos. De la misma forma, el cine puede interpretar, la arquitectura puede influenciar, la poesía puede reescribir, experimentar.


Pertenencia:
Su pertenencia, no solo ligada a la acción y a los objetos (forma visual), se liga también a los sentidos en todas sus formas, siendo el aroma y lo visual su apogeo.
El aroma es uno de los transportadores hacia esta línea del concepto de tiempo, sin él el gusto no sería posible de la forma en que lo conocemos. El olor a cigarrillo al amanecer me transporta a un placer íntimo del instante, el cual me lleva a la ruptura del tiempo. El olor allí, ligado a la memoria afectiva, me hace perder la noción del tiempo externo, el tiempo se congela ante las adversidades envolventes, generando esta distorsión de la contabilidad.
Obviamente, lo mismo ocurre para aquel artista al sentir olor a pintura fresca y así sucesivamente.
La pertinencia de ese tiempo está en lo más profundo de todo ser, su presencia se nota, pero no se cuantifica. Cuantificamos y delimitamos aquello que son hechos, que tienen medidas; el
tiempo afectivo es variable, inestable.
Todo lo que está dentro de una estética viva comprende y vive también bajo el dominio del tiempo afectivo, así como la naturaleza, cuya belleza, aroma, colores son generadores de afecto y en medio de lo natural, arquitectura, palabras, gestos, el tiempo es diferente del cuantificado. En algunos casos la disociación amplía la cuestión del tiempo. Forma de reconocimiento Así como reconozco la luz de la luna, reconozco también la nostalgia, los sabores y el olor y así como la luna, este refleja una fuente mayor, el tiempo afectivo en mi caso y en el de la luz lunar, el sol.
Se reconoce cuando al sonido de Jeff Buckley tu amor perdido de hace 8 años parece que volvió hoy para saludarte. Cuando por la mañana al despertar sientes un fuerte olor a café, como el que tu madre hacía para ti en la época de la escuela, y así como todos estos, cuando escuchas el ladrido de un perro y lo confundes con el tuyo que ya no está. El reconocimiento del tiempo afectivo es fuerte, indeterminado, sublime.
Uso la palabra sublime, pues no cualquier cosa que remita a un sentimiento va a conectarme con el sentido del tiempo afectivo. Como dije, tenemos lo cotidiano nostálgico, para muchos no se considera nostalgia, pues no tiene su intensidad, pero es por su forma que se vive la nostalgia. Engloba todo eso, es una medida viva del tiempo, particular. Ese tiempo transcurre de manera diferente según el gusto, puede pasar rápido para los movidos por la pasión, lento para los movidos por traumas, pero el tiempo sí pasa diferente.


A mi amor por el arte, digo: fui a una exposición de Monet con mi hermano, a mi parecer fue tan rápido y agradable que ni vi pasar el tiempo. Analicé cada sentimiento puesto, cada color, cada conexión mía con las obras. Mi hermano, por otro lado, sintió un peso, como si tuviera un ancla sobre la aguja del reloj, impidiéndole avanzar.
Uno de los medios que me hicieron cuestionar la cuestión del tiempo afectivo fue la apertura de Twin Peaks de David Lynch. A diferencia de algunas series en las que vivía nostalgia, sentía su presencia nostálgica; Twin Peaks lograba llevarme al mundo, lo surreal, de ese modo digo que no solo el mundo afectivo de Lynch, sino el mundo de la cronología afectiva que allí contenía en la época en que la veía. No era el mismo sentido, sino una rama diferente que pertenecía a la misma flor; el corte cronológico es absurdo.
El cambio de los sentimientos en el tiempo afectivo Sabemos que un recuerdo en su época, traumático, puede llegar a convertirse en sentimientos placenteros. ¿Cómo el tiempo afectivo nos muestra y acompaña el cambio?
Los sentimientos actúan de forma diferente a las formas tradicionales en que pensamos que algo es racional e inmutable o que las perfecciones guardan belleza. El sentido no depende de su perfección, sino muchas veces de la imperfección, en contravía de lo cotidiano o incluso dentro de él. En nuestra era hubo tantos avances tecnológicos que la producción casi perfecta entre semejanzas es la mayoría, con ello, lo manual es olvidado. Olvidado no significa sin uso; el afecto solo está contenido en él. En la naturaleza la semejanza no predomina, la diferencia trae la belleza. De la misma forma el afecto funciona e inclina el trauma.
Creo que un evento traumático que me perturbó cuando niño fue mi madre corriendo detrás de mí con una escoba, en su momento eso fue perturbador, hoy recuerdo que ella sonreía, no tenía intención de herir, hoy cuando veo una escoba cerca de mi madre, mi tiempo me devuelve al pasado y trae el pasado al presente, intento explicar el trauma pasado y el trauma pasado intenta entender el afecto que siento aquí. El sentido cambia, madura, muere, se pudre
y al pudrirse, crea vida derivada de sí. El sentir temporal es como el cobre. Para lo traumático, el evento puede ser superado, pero su forma de ver una determinada fatalidad o de enfrentarla (esto lo digo de las criminales) es diferente. El sentido cambia para
adaptarse, cambia para pudrirse, el tiempo aquí es lento, el cambio casi imperceptible, casi como la radiación en nuestro cuerpo, pero cambia. Se vive el trauma, pero reformulado, encubierto o fructífero de semillas diferentes. Superado, crea hongos que absorberán la radiación. De ese modo, el nacimiento de los frutos tardíos del trauma es un cambio de adaptación lenta.


La vivencia nostálgica
Tenemos aquellos que viven nostálgicamente, yo soy uno de los que se maravilla con eso, incluso por el peso que trae, sentir es sentir, si vivimos aquí y tenemos con nosotros el sentir, es a él a quien debo la vida. Escucho la música casi como un consuelo de mi alma en torno a mis sentimientos. Escucho para volverme más melancólico, como quizá me volví con tal canción, el poder es tal que si está fuera del sentimiento, transita hacia él. Las artes me sacan de la ansiedad de los tiempos contados que cada vez aumentan, cambio mi plano, la música me transporta por sensaciones, ondas, como una improvisación, manipula mi sentir, profundiza, incluso sin fluidez de la lengua vocalizada.
La vivencia nostálgica se da por una serie de pequeñas nostalgias o nostalgias recurrentes, que parecen no hacer nada, pero el efecto se distribuye.
Se siente la vida y el cambio repentino de duración del tiempo en la transición de ambientes o de atención, es probable que al cuestionarse, se entienda el tiempo afectivo

João Vitor Correa

Correo electrónico: joaovitoreiji@gmail.com

@joaocorreagon
@http.jao_eiji

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